Curaduría
Carlos Echegaray Antay
Montaje
Lucía Weilg La Torre
Digitalización de documentos de Archivo
Alexandra Galarreta Folch
Diseño web
PICOL Estudio
Documentos
Archivo de Arquitectura PUCP – Fondo Documental LLONA
Los mercados, entendidos como espacios de intercambio económico pero también de encuentro comunitario, constituyen nodos urbanos de alta intensidad relacional, lo que exige soluciones arquitectónicas capaces de adaptarse a una amplia diversidad de usos, escalas y temporalidades. Como plantea Solà-Morales (1997), estos espacios públicos, más allá de su función económica, actúan como “lugares de urbanidad” donde se materializa el contacto humano. Los mercados son, así, piezas fundamentales para la cohesión social.
En arquitectura, la tipología de los mercados presenta los mayores retos formales y funcionales debido a la importancia de las relaciones sociales y culturales que genera con su entorno urbano inmediato. Las variadas necesidades que cubre la convierten además en la que posee mayor potencial de crecimiento en el futuro (Elguera 2018).
El Mercado de Productores de Lima debía ocupar un extenso terreno a la altura del kilómetro 6,5 de la Carretera Central. La propuesta de Miguel Ángel Llona distribuye en tres grandes paquetes el programa de áreas del mercado y los comunica mediante calles principales y secundarias que conectan el equipamiento con la ciudad.
A un lado, ubica los puestos de venta mayorista y minorista. En la parte posterior del terreno, a un costado de la zona de venta, distribuye la zona de carga y descarga para los camiones que llegan, en su mayoría, con sus productos desde los departamentos de la sierra del Perú a través de la Carretera Central. En la parte frontal propone un volumen independiente para los espacios relacionados con los servicios generales y anexos.
Llona organiza los bloques destinados al comercio mayorista y minorista al modo de una pequeña ciudad repartida en “manzanas” moduladas y articuladas de manera ortogonal, las cuales se encuentran rodeadas por calles con veredas, pistas para la circulación vehicular y estacionamientos. Cada una de las manzanas se encuentra compuesta por dos crujías de puestos de venta permanente, orientados de este a oeste hacia el interior, así como dos crujías, paralelas a las anteriores, de puestos de venta ocasional ubicados a los bordes.
Para la zona de carga y descarga de productos Llona propone un edificio de cuatro niveles y un semisótano. El espacio del semisótano se destina al almacenamiento de los productos pesados. En el primer piso se organiza la selección y el preempaque de los productos para su posterior almacenamiento en los pisos dos y tres.
Algo interesante en la propuesta del Mercado de Productores de Lima es la ubicación de las cámaras de conservación en el cuarto nivel. Este piso está dividido en celdas refrigeradas independientes de aproximadamente 3,5 m de ancho por 10 m de largo. Se articulan a un pasadizo técnico central y un pasaje de circulación exterior perimétrica.
Los núcleos de circulación vertical, escalera y ascensor, se encuentran ubicados fuera del volumen del edificio, en las esquinas opuestas. De este modo, se garantiza su rápida identificación para el uso en caso de evacuación.
El proyecto de Miguel Ángel Llona ganó el primer puesto del concurso convocado para desarrollar el Mercado de Productores de Lima. Lamentablemente, el mercado no fue construido.
En su propuesta de 1969 para desarrollar el Mercado Ferial de Nasca, Llona aprovecha el emplazamiento del terreno —situado en una esquina formada por la antigua Panamericana y la carretera Panamericana Sur— para ubicar tanto la zona de estacionamiento de autos como la zona de descarga de los camiones hacia la carretera antigua. Al centro del terreno dispone los puestos de venta sectorizados por tipo de producto: abarrotes, carnes, frutas, verduras, etc.
Los puestos de venta se organizan alrededor de una calle principal de acceso que divide el espacio en dos, con cuatro calles transversales. Estas últimas atraviesan el mercado desde la zona de abastecimiento hasta la plataforma pública exterior propuesta para ferias eventuales. En el borde, Llona emplaza edificios en barra, con tiendas exteriores, de modo de establecer una relación directa entre el perímetro del mercado y el entorno.
El Mercado Minorista de San Vicente de Cañete fue encargado al arquitecto Llona en el año 1970. Por su emplazamiento y su escala, el proyecto, a ubicarse en la periferia de la ciudad, se convertiría en un hito urbano ya que en ese momento la zona estaba conformada por chacras y acequias.
La estrategia proyectual del mercado de Cañete es similar a la del Mercado de Productores de Lima. En el centro del terreno Llona organiza los puestos de venta en pequeñas manzanas que agrupan ocho, diez y catorce locales de venta minorista respectivamente. Estos bloques se ordenan en una cuadrícula de calles peatonales principales y secundarias que estructuran la circulación interior del mercado.
En el perímetro, conteniendo este espacio interior, ubica una serie de ocho edificios en barra, de dos pisos de altura, que van a bordear el terreno. Aparecen orientados de tal manera que en el encuentro de los mismos Llona intercala los ingresos al mercado con los núcleos de circulación vertical. Hacia el interior del mercado, los edificios albergarán espacio para puestos de venta grandes de un nivel; hacia el exterior, en cambio, alojarán locales comerciales con doble altura y escalera a un espacio en segundo nivel, el cual se apoyará sobre los locales volcados hacia el interior del mercado. De esta manera, Llona propone un perímetro comercial donde el mercado aparece articulado a los flujos y el movimiento de la ciudad.
Los umbrales entre lo público —el espacio urbano— y lo privado —la arquitectura que lo delimita y le da forma— suelen constituir las zonas más dinámicas y activas de calles y plazas (García-Doménech 2015). Portales, zaguanes, terrazas, pórticos y galerías actúan como filtros que no solo median entre ámbitos distintos sino que los conectan y enriquecen mutuamente. Facilitan encuentros, fomentan la interacción social y permiten una apropiación gradual del espacio. Así, fuera de cumplir una función física o arquitectónica, los umbrales poseen un fuerte valor simbólico y social que los convierte en escenarios claves donde lo colectivo y lo individual se entrelazan.
Un aspecto interesante del Mercado Minorista de San Vicente de Cañete es que el arquitecto Llona propone pórticos de concreto, de gran escala, en los ingresos. Conformados por cuatro muros paralelos y una cobertura inclinada, ellos dotan de una importancia mayor al simple acto de entrar al mercado, además de presentarse como hitos en el perfil urbano de la ciudad debido a su gran tamaño. Llona replicará esta idea en su propuesta para el Mercado Minorista Santa Rosa.
En 1982 el arquitecto Miguel Ángel Llona desarrolló el proyecto para el Mercado Minorista Santa Rosa. El terreno para construirlo se ubica en la esquina de la avenida Tomás Valle con la prolongación de la avenida Perú, en la Provincia Constitucional del Callao.
Llona reproduce la idea propuesta para el Mercado Minorista de San Vicente de Cañete. Plantea ocho edificios lineales en barra, de dos pisos de altura, concebidos para generar un borde comercial con los puestos de venta ubicados en el interior del mercado. Se trata de una planta simétrica en los dos sentidos. En la unión de los volúmenes lineales, en las esquinas, se localizan los núcleos de escaleras para la circulación vertical, mientras que los ingresos al mercado se encuentran ubicados al centro de los volúmenes. Con esto se generan dos ejes de calles principales perpendiculares que se intersecan al centro, justo debajo de la zona de cocina, ubicada en un piso intermedio. Desde allí se puede almorzar observando el movimiento interior del mercado.
El Mercado Minorista Santa Rosa del Callao destaca por la configuración del recorrido en el segundo nivel. Este se resuelve con calles aéreas situadas alrededor del vacío central del mercado, las cuales definen un recorrido perimetral independiente accesible desde los núcleos de circulación vertical ubicados en las esquinas del proyecto. La disposición permite conectar todas las oficinas que conforman el segundo piso de los edificios en barra.
El Mercado San Camilo, en Arequipa, fue construido en el año 1910. Experimentó luego una ampliación en 1918, con la cual se terminó de construir la estructura metálica del techo, y posteriormente, en 1934, el arquitecto Emilio Harth-Terré concibió unos volúmenes destinados a tiendas que confinan su espacio central (Palza 2020). En 1987, Miguel Ángel Llona, asociado con José García Bryce, desarrolló una propuesta para ampliar su zona comercial interior.
La intervención consiste en un segundo nivel de puestos que aprovecha la espacialidad generada por la altura de la estructura metálica del techo. Llona deja espacios vacíos en la losa, a doble altura, para que los ejes de columnas que sostienen el techo corran libremente. De esta manera, puede organizar los puestos de venta en grupos de 20 y 24 unidades respectivamente.
En el planteamiento, el segundo piso es accesible por una gran rampa de recibo y distribución de la circulación. Es una forma de celebrar el paseo arquitectónico según lo concebía el Movimiento Moderno. Un discurrir temporal en medio de los colores, las texturas y los olores del mercado.
La propuesta del arquitecto Miguel Ángel Llona para el Mercado San Camilo no se llegó a construir.
Los mercados proyectados por Llona, construidos o no, muestran diferentes escalas pero similares estrategias proyectuales. Un aspecto principal reside en la modulación y la flexibilidad de los puestos de venta del interior y el exterior del mercado. Asimismo, sobresale el hecho de definir un borde comercial permeable para establecer el límite entre el espacio interior formal del comercio y las actividades exteriores informales de la ciudad. Esta frontera atrae los flujos de circulación de las calles al nodo comercial del mercado.
ELGUERA, Hernán
2018 “Estrategias de formulación de los mercados de abasto y su influencia en la sociedad y cultura”. En UCAL Repositorio Institucional, Universidad de Ciencias y Artes de América Latina. Disponible en https://hdl.handle.net/20.500.12637/241.
GARCÍA-DOMÉNECH, Sergio
2015 “Espacio público y comercio en la ciudad contemporánea”. En dearq, N° 17, Bogotá, pp. 26-39. Disponible en http://dx.doi.org/10.18389/dearq17.2015.02.
PALZA, Daphne
2020 El Mercado San Camilo: recuperación del primer centro de abastos de Arequipa. Tesis para optar el título de arquitecto. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú. Disponible en http://hdl.handle.net/20.500.12404/18807.
SOLÀ-MORALES, Manuel de
1997 Las formas de crecimiento urbano. Barcelona: Edicions UPC.
[1]
Código de Archivo: MLB-PR-01-E003
Nombre: Mercado Minorista San Vicente de Cañete
Autor: Miguel Ángel Llona
Año: 1971
Fuente: Fondo Documental LLONA, Archivo de Arquitectura PUCP
[2-6]
Código de Archivo: MLB-PR-01-E001
Nombre: Mercado de Productores de Lima
Autor: Miguel Ángel Llona
Año: 1965
Fuente: Fondo Documental LLONA, Archivo de Arquitectura PUCP
[7-8]
Código de Archivo: MLB-PR-01-E002
Nombre: Mercado Ferial de Nasca. Concurso
Autor: Miguel Ángel Llona
Año: 1969
Fuente: Fondo Documental LLONA, Archivo de Arquitectura PUCP.
[9-13]
Código de Archivo: MLB-PR-01-E003
Nombre: Mercado Minorista San Vicente de Cañete
Autor: Miguel Ángel Llona
Año: 1971
Fuente: Fondo Documental LLONA, Archivo de Arquitectura PUCP
[14-17]
Código de Archivo: MLB-PR-01-E006
Nombre: Mercado Minorista Santa Rosa
Autor: Miguel Ángel Llona
Año: 1982
Fuente: Fondo Documental LLONA, Archivo de Arquitectura PUCP
[18-21]
Código de Archivo: MLB-PR-01-E008
Nombre: Mercado San Camilo
Autor: Miguel Ángel Llona y José García Bryce
Año: 1987
Fuente: Fondo Documental LLONA, Archivo de Arquitectura PUCP
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