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Archivo de Arquitectura PUCP – Fondo Documental VELARDE

Más allá de la arquitectura

La visibilización de la mujer limeña
Figura 1. Portada de Tomo de recortes 12.

Rosario Rubi Valenzuela

 

La arquitectura es una profesión femenina.
¿Quién conoce mejor la casa que la mujer?

Bertha Zegarra, quinta mujer arquitecta peruana

A lo largo del siglo XX, la lucha de las mujeres contra la invisibilización de sus derechos cobró fuerza a nivel mundial a base de protestas y rebeliones. El Perú no fue la excepción: en la década de 1930 las mujeres enfrentaban grandes barreras sociales, culturales y legales. En 1931, su lucha se manifestó en las protestas por el derecho al sufragio femenino. A mediados de la década, se evidenciaron transformaciones en las dinámicas de género[1] después de que el nuevo Código Civil de 1936 introdujera artículos favorables para la independencia de la mujer a la vez que suprimía otros del Código Civil de 1852 que la limitaban. Estos últimos artículos restringían la autonomía de las mujeres al imponerles la subordinación al poder marital[2]. Uno de los ámbitos donde su falta de libertad era notoria tenía que ver con el acceso a las carreras universitarias, como la arquitectura.

En este clima de cambio, Mary Doris Clark se convierte en la primera mujer peruana egresada de la carrera de arquitectura. Sin embargo, no existe registro de su pertenencia a alguna sociedad o agrupación arquitectónica. El caso de Clotilde Mendiola, la segunda mujer arquitecta titulada del país, es distinto. Mendiola participó en la fundación de la Sociedad de Arquitectos del Perú (SAP), en 1937, evento en que fue la única mujer presente. La información sobre la vida y obra de Mendiola es escasa. Carolina Velásquez Castillo la menciona en su artículo sobre las primeras mujeres arquitectas y hace notar la necesidad de estudios que rescaten su legado (2011: 65-87).

En este contexto, el arquitecto Héctor Velarde, conocido también como escritor, publica a finales de 1939 el artículo “La mujer y la arquitectura” en El Comercio. Aborda, así, un campo poco presente en la literatura de la época. Este trabajo investiga la posición de Héctor Velarde frente a la situación de la mujer en Lima entre los años 1936 y 1939. Para ello, contextualiza la situación de las mujeres limeñas de la década de 1930, identificando sus derechos y limitaciones en el ámbito profesional. En este sentido, el papel de Clotilde Mendiola en la ceremonia de creación de la Sociedad de Arquitectos del Perú (SAP) tiene enorme relevancia. Analizar su presencia en dicho acto contribuye a reconocer el rol de figuras decisivas en las luchas femeninas por la inclusión de la mujer en la historia del siglo XX.

La mujer en la sociedad peruana y su relación con la arquitectura (1936-1939)

Durante la década de 1930, la estructura social limeña limitaba la participación femenina en espacios de poder y decisión. Las mujeres se dedicaban al cuidado del hogar mediante agotadoras labores cotidianas consideradas apropiadas para su género en la época.

En la capital peruana emergieron discursos modernizadores que proponían igualar los derechos de las mujeres con los de los hombres. Uno de los acontecimientos más relevantes para la transformación del papel de la mujer en el Perú fue la mencionada promulgación del Código Civil de 1936, que amplió libertades para las mujeres. El nuevo código eliminó el poder marital establecido en el Código Civil de 1852, cuyo artículo 175 estipulaba lo siguiente: “El marido debe proteger a la mujer, y la mujer obedecer al marido” (15). También introdujo nuevos artículos, como el 173, que concedía autonomía a las mujeres en el campo profesional al suprimir la necesidad de autorización del esposo. La norma establecía que “si el marido negase su consentimiento la mujer podrá ser autorizada por el juez, siempre que pruebe que esta medida la justifica el interés manifiesto de la sociedad conyugal o de la familia” (Código Civil de 1936: 18).

A pesar de estos avances legales, el acceso de las mujeres a la educación superior continuaba restringido por causa de prejuicios de género arraigados desde la época colonial. Ciertas profesiones, como la ingeniería y la arquitectura, seguían limitadas para las mujeres por considerarse “campos técnicos y racionales”. En contraste, la educación superior femenina estaba orientada a profesiones alineadas con las expectativas tradicionales sobre las capacidades femeninas, como la docencia, las artes y las humanidades (Olivera y Llontop 2020: 4).

Clotilde Mendiola, la segunda mujer peruana titulada en arquitectura, aparece vinculada a la creación de la Sociedad de Arquitectos del Perú, en cuya ceremonia inaugural, de 1937, destaca como la única mujer entre 18 arquitectos fundadores.

Uno de los primeros casos de inclusión de las mujeres en la educación superior es el de Mary Doris Clark, quién ingresó en 1924 a la Escuela de Ingenieros (ENI) y se convirtió, como dijimos, en la primera mujer titulada en arquitectura en 1931. Además de arquitecta, Clark fue una figura clave en los debates feministas en el Perú como integrante del movimiento político aprista. Entre 1935 y 1937, impulsó la fundación de la sede peruana de “la unión de mujeres americanas”. Finalmente, Clark, fallecida en el año 2004, optó por seguir el camino de la docencia y reforzar su participación política, desde donde influyó en la reforma de los códigos civiles (Velásquez Castillo 2011: 69-72).

Clotilde Mendiola, la segunda mujer peruana titulada en arquitectura, vio afectados sus estudios por las protestas en torno a la reforma universitaria, pero pudo graduarse en 1936 (Ueda 2009: 3). Ella había ingresado en 1932 a la Escuela de Ingenieros (ENI) con solo 18 años, siendo la sexta mujer en acceder a la escuela. Mendiola enseñó cursos como Geometría Descriptiva en la Universidad de Ingeniería, donde impulsó a otras alumnas a terminar sus estudios. Entre ellas estuvo Angélica Zegarra, cuarta arquitecta peruana (Velásquez Castillo 2011: 72).

La importancia de Mendiola en la historia de la arquitectura peruana aparece vinculada a la creación en 1937 de la SAP, en cuya ceremonia inaugural destaca como la única mujer entre 18 arquitectos fundadores. La SAP, primera asociación reconocida de arquitectos peruanos, buscó formalizar la arquitectura como una profesión, así como organizar planes de desarrollo urbano para la ciudad limeña. Finalmente, en 1962 se estableció el Colegio de Arquitectos (CAP) que funciona hasta la actualidad (Álvarez Ortega 2008: 36). Entre los arquitectos que integraron la SAP, destacan el ex presidente Fernando Belaunde Terry, Alfredo Dammert Muelle, Carlos Granda Vásquez de Velasco, Joaquín Miró Quesada, Rafael Marquina (quien asumió su presidencia) y el propio Héctor Velarde. La inclusión de Clotilde Mendiola desafió los estigmas sociales al evidenciar que los más importantes arquitectos del país reconocían sus conocimientos y solvencia.

“La mujer y la arquitectura” (1939): el discurso de Velarde acerca del desarrollo profesional de la mujer

A finales de la década de 1930, la presencia de la mujer seguía siendo prácticamente inexistente en los discursos oficiales acerca de la arquitectura peruana. En este contexto, Héctor Velarde publica el artículo “La mujer y la arquitectura” (1939).

Velarde describe la arquitectura como una disciplina fundamentada en “la lógica y la razón”, habilidades atribuidas en su época mayormente a los hombres. “Por eso cuando las mujeres ven a un hombre haciendo armonías de lógica en este mundo, no les parece nada, cosa divertida o suya. La vida está en ellas, nace, de ellas, se la llevan ellas” (Velarde 1939: 1). Enseguida, el autor clasifica el rol de la mujer en la arquitectura en tres categorías: la mujer como deidad, la mujer como figura doméstica y la mujer como clienta.

En su presentación de la mujer como deidad en la arquitectura, Velarde utiliza referencias a diversas culturas: egipcia, persa, mesopotámica, griega, romana, cristiana, musulmana. Las mujeres han sido figuras simbólicas inspiradoras de monumentos, templos y grandes construcciones sagradas. Su enfoque idealiza a la mujer como un ente armonioso que desde un plano místico ha influenciado la evolución arquitectónica.

Los hombres prehistóricos sin mujeres no hubieran hecho nada y mucho menos dólmenes que, según parece, eran monumentos sagrados que imitaban las cavernas naturales donde estos hombres vivían meses enteros de invierno acurrucados en sus tibias y afectuosas mujeres. Como vemos no hay posibilidad de deshacerse de ellas en la arquitectura (1939: 1).

Como figura doméstica, Velarde le reconoce a la mujer un entendimiento sensible de las funciones del hogar. “No hay sino que observar con la facilidad prodigiosa que una dueña de casa manda tirar una pared abajo o abrir una ventana donde más le convenga” (2). La mujer, así, tiene gran presencia en la distribución y la funcionalidad de la casa. Velarde le otorga a la mujer un peso en las decisiones arquitectónicas, pero limitadas a la comodidad, sin llegar a una participación activa en la creación.

Figura 2. Héctor Velarde, “La mujer y la arquitectura”, 1939. Tomado de El Comercio (1939).

Como clienta, la mujer resulta determinante en el diseño de viviendas. Los hombres, dice Velarde, cumplen un rol secundario en la toma de decisiones, limitándose a la financiación, mientras las mujeres deciden el aspecto estético y funcional del hogar.

Todas las casitas que he planeado han sido hechas exclusivamente para sus dueñas; mamás, esposas, novias, hijas grandes y chicas y señoritas independientes. Los papás, los maridos, etc., no han contado sino rara vez en la elaboración de los planos. El papel de ellos es contar en los presupuestos (3).

Velarde relata algunas anécdotas acerca de la autoridad de las mujeres en la dimensión y distribución de los espacios. No obstante, no llega a concederles un papel como posibles diseñadoras; las mantiene en el nivel de clientas exigentes. Su visión perpetúa el estigma de la mujer como ser detallista y emocional que contrasta con la racionalidad dura de los hombres. Se comprende mejor su postura si se recuerda que en ese momento solo existían dos arquitectas peruanas tituladas. También es posible que Velarde buscara identificarse con la mayor cantidad de mujeres para introducirlas simbólicamente en el ámbito arquitectónico. Esta estrategia de conexión directa con la audiencia era empleada constantemente por Velarde para proponer nuevos conceptos.

El artículo de Velarde rompe con el silencio predominante sobre la mujer en el ámbito profesional. Si bien no altera los estereotipos de género, señala, por su misma publicación, un punto de partida para la visibilización de las mujeres limeñas en el ámbito profesional de la arquitectura.

El tema de esta lectura lo he buscado con una doble esperanza, tratar de entretener un rato corto, porque desearlo largo sería demasiada pretensión, y tratar de exponer la enorme y decisiva influencia femenina en una materia que como la filosofía, parece cosa únicamente de hombres (1).

Análisis fotográfico de la participación de Héctor Velarde en las ceremonias de la SAP 1937-1939

 

La fotografía permite rememorar acontecimientos,
y se convierte en un mecanismo veraz
para la reconstrucción del pasado.

María Cecilia Aponte

Como documento histórico y herramienta de construcción de memoria colectiva, la fotografía permite visibilizar estructuras sociales y discursos simbólicos que trascienden la inmediatez de la imagen capturada. El análisis de la postura, las expresiones faciales y la disposición de los cuerpos dentro del encuadre revela dinámicas de poder, relaciones jerárquicas y mecanismos de inclusión o exclusión dentro de un contexto social específico. Dentro de la teoría del lenguaje corporal, gestos y ademanes pueden ser una manifestación silenciosa pero poderosa de los esquemas de dominación (Pease y Pease 2006: 20).

En esta investigación, analizaremos dos fotografías bajo criterios no verbales que buscan identificar los desencadenantes emocionales de ciertas reacciones físicas (Pease y Pease 2006; Navarro 2018). Las fotografías corresponden a la ceremonia de fundación de la SAP en 1937 y la celebración de su segundo aniversario en 1939, respectivamente. En ambas aparece la arquitecta Clotilde Mendiola al lado de los demás integrantes masculinos de la SAP.

La primera fotografía de 1937 (Figura 3), recuperada del tomo 5 de los archivos personales de Héctor Velarde, muestra, en el centro, a Clotilde Mendiola rodeada por sus colegas, entre ellos Héctor Velarde.

Mientras que la mayoría de sus compañeros hombres adoptan posturas relajadas y distendidas, con los brazos cruzados o metidos en los bolsillos, Mendiola mantiene una actitud erguida rígida, con una expresión facial seria y controlada, donde destaca la frente tensada (Figura 4). El estrés y la incomodidad de Mendiola son notorios (ver Navarro 2018: 93).

Mendiola sostiene la cartera con ambas manos sujetándola con fuerza (Figura 4). Es una manera de establecer una barrera psicológica para sentir más seguridad. (Pease y Pease 2006: 69). Además, la posición de los pies, juntos y hacia el frente, indican que Mendiola está sometida a sentimientos de timidez y nerviosismo. Su inseguridad es grande (ver Pease y Pease 2006: 101).

Figura 3. Fundación de la Sociedad de Arquitectos del Perú, 1937. Tomado de El Arquitecto Peruano (1937).
Figura 4. Miembros de la Sociedad de Arquitectos del Perú, 1937. Fondo Documental VELARDE, Archivo de Arquitectura PUCP.

Héctor Velarde se encuentra rodeando a Mendiola con un abrazo lateral. Este gesto representa una señal de camaradería que establece un vínculo de cercanía y reconocimiento manteniendo al mismo tiempo los límites personales (Maisuradze 2025: 1). La actitud física de Velarde hacia Mendiola sugiere un compañerismo vinculado a que la considera una figura importante, que ocupa el centro, y no una mera observadora. La fotografía genera la sensación de que Velarde está satisfecho por la integración de Mendiola al gremio arquitectónico dado su papel legítimo en el desarrollo de la arquitectura peruana.

Otro caso clave dentro de la composición es Rafael Marquina, quien se ubica a la izquierda de la imagen. Su postura contrasta significativamente con la rigidez de Mendiola y la inclusión simbólica representada en la disposición corporal de Velarde. Marquina mantiene una distancia visible de Mendiola y una postura amplia, con las piernas abiertas y el torso inclinado en sentido contrario a Clotilde. Su gestualidad está asociada con una actitud de control del espacio y, por ende, de dominio (Arraigada 2020: 1). Su lenguaje corporal sugiere que buscaba separarse de Mendiola y posiblemente que consideraba controversial su inclusión en la ceremonia.

La actitud de Marquina no indica un rechazo abierto, pero tampoco el apoyo evidente provisto por el abrazo lateral de Velarde. Su postura expansiva, por contraste con los pies juntos de Mendiola, refuerza la idea de marcar un territorio y establecer una jerarquía (Pease y Pease 2006: 100). La reticencia de Marquina genera un punto de inflexión que engrandece la apertura de Velarde respecto del papel del género femenino en la cultura de la década de 1930.

Figura 5. Segundo aniversario de la Sociedad de Arquitectos del Perú, 1939. Fondo Documental VELARDE, Archivo de Arquitectura PUCP.
Figura 6. Héctor Velarde, Rafael Marquina y Clotilde Mendiola en el segundo aniversario de la Sociedad de Arquitectos del Perú, 1939. Fondo Documental VELARDE, Archivo de Arquitectura PUCP.

La fotografía del segundo aniversario de la SAP (Figura 5), capturada dos años después en 1939, muestra el proceso de integración y reconocimiento de Clotilde Mendiola dentro del mundo de la arquitectura peruana. En la imagen, Mendiola vuelve a ocupar una posición destacada, esta vez sentada junto a Rafael Marquina (Figura 6). A diferencia de la fotografía de 1937, donde su expresión es neutra, se le ve sonriendo, como si existiera una evolución en la dinámica de su relación con sus colegas [3]. Su rostro relajado y risueño refleja un nivel alto de seguridad y comodidad entre sus compañeros de la SAP.

Al observar las fotografías de 1937 y 1939, se puede trazar una línea de continuidad en la visibilización de Clotilde Mendiola dentro del gremio arquitectónico peruano. Si en la primera imagen el gesto de Velarde sugería una especie de recibimiento, en la segunda la expresión relajada de Mendiola en medio de sus colegas subraya que su presencia ha dejado de ser un hecho excepcional. Las fotografías sugieren que la visibilización de Mendiola fue parte de un proceso en el tiempo.

Héctor Velarde no ejerció una crítica directa a la estructura de exclusión femenina de su época. No obstante, su artículo “La mujer y la arquitectura” colocó en el centro del debate la relación de las mujeres con el espacio construido, como un primer paso a su inclusión en la producción arquitectónica peruana. Esta permeabilidad se hizo claramente visible en su actitud corporal hacia Mendiola en las ceremonias de la SAP. Es como si Velarde hubiera reconocido por adelantado el valor de las mujeres arquitectas que, a pesar de las barreras sociales y culturales, han sido fundamentales para la transformación del gremio arquitectónico.

Este artículo es un reconocimiento a las mujeres arquitectas que desafiaron las normas académicas establecidas en un espacio tradicionalmente reservado para los hombres, donde su esfuerzo y perseverancia les abrieron un lugar. Sin embargo, la historia evidencia que el éxito de sus luchas no dependió únicamente de ellas, sino también de figuras influyentes que ayudaron a su reconocimiento. En este sentido, el arquitecto Héctor Velarde contribuyó a visibilizar el rol de la mujer peruana en la arquitectura.

Notas

[1] En Gender: A Useful Category of Historical Analysis, la historiadora Joan W. Scott señala que el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales y una forma de significar relaciones de poder.

[2] En su artículo “La independencia del Perú no es la independencia de las mujeres”, del año 2022, Bertha Prieto manifiesta que “el deber de los hombres casados era proveer y dictaminar; y, el de las mujeres, someterse y acatar”.

[3] Esta interpretación se basa en el análisis del lenguaje corporal de Mendiola, sin buscar ser una afirmación definitiva sobre su experiencia personal.

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